Ciclismo a los 50 y más

Ciclismo a los 50 y más

Ciclismo a los 50: sí ¿y qué?

Durante más de 20 años hice ciclismo hasta saciarme: desde aquella Bicicross de BH con la que daba saltos que apenas levantaban un metro del suelo y terminaban con más de un aterrizaje imperfecto, hasta las Orbea de carretera con las que emulaba las impresionantes humillaciones que provocaban Indurain o Delgado en los tours de Francia. Después, abandonado a los quehaceres diarios, a la rutina, al creer que no tenía tiempo porque tenía cosas más importantes que hacer, abandoné un deporte que me apasionaba.

Hoy, con los cincuenta ya cumplidos, con casi diez años de tabaco en mis pulmones y centenas de copiosas comidas en restaurantes en los que no se mira al plato sino al contrincante, me he reconvertido. Vuelvo a ser el chaval que no tenía miedo a las bajadas ni se arredraba ante las subidas, el chaval que siempre existió y que aún me pregunto porqué he mantenido silencioso durante tanto tiempo. Y ese chaval me dice “ciclismo”.

Y no soy un héroe. Tengo amigos que con sesenta y tantos aún hacen saltar el barro a la cara de jóvenes que, con dificultad, siguen la estela de su increíble pedaleo. Los hay que de no haber salido con ellos, nunca me creería que esas rutas de setenta y tantos kilómetros con desniveles de mil y pico metros las hubieran hecho ellos. Y no hay secreto: querer es poder.

Subir en la bicicleta cuesta las 3 primeras veces

Lo demás viene solo. En cuanto comienzas a ver que puedes, que subir es tan atractivo como bajar, cuando ves que llegas y sientes como tus músculos, entumecidos y a punto de reventar de lo que les has exigido, se arrancan con la sencilla pero gratificante tarea de hacerte bullir las endorfinas,  tu cerebro no pueda negarse a trasladar esa sensación a tu rostro con un inmenso gesto de felicidad. Sí, habrá otras cosas que mañana ocupen tu cabeza, luego será luego pero ahora, hoy eres feliz.

No me puedo jactar de haber hecho miles de kilómetros desde que decidí subirme de nuevo en la bici y superé esas tres primeras veces. Pero los haré, ahora estoy seguro.

 

 

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